Cuando todo eso nos sale mal, echamos la culpa a la suerte.

Generalmente nos pasamos la vida cambiando constantemente de rutina. Cambiamos de escenarios, de forma de pensar. Maduramos, mejoramos nuestra forma de ser, nuestra forma de actuar y de juzgar. Empiezas a elegir cómo quieres ser, y es ahí cuando escoges de quién rodearte.

Normalmente te sueles parecer a ellos, o no. Quizá las diferencias es lo que hacen que tú seas como seas, que ellos puedan ver lo que tu no logras percibir. Que existan otras mil formas de pensar, que busquen el mismo fin que tú, que te ayuden a crecer.

Empezamos a llamar suerte a lo que está fuera de control, al universo incontrolable. Sonreímos al futuro, al destino. Confiamos en que existe un plan, en que cada etapa tiene una serie de fases, pero que al final terminará siendo lo que estabas buscando. Lo que te construirá como persona.

Confiamos a ciegas, confiamos en lo efímero. Y cuando todo eso nos sale mal, echamos la culpa a la suerte.

Ahora piensa en el pasado, en el presente, y bueno, imagina el futuro. Pero pon la vista hacia tu derecha y hacia el frente, hacia quienes te rodean, a todos ellos. Mira a quien te da la mano cuando crees que no hay consuelo, a quien cree en ti en todos los aspectos. Recuerda los abrazos que tanto han curado, la gente que has ido descubriendo, la cantidad de lugares que has llamado hogar. Y acuérdate ahora de la suerte, ahora sí. 

Fuente: Voces.me

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Me llamo Laura y soy “el alma” que se esconde detrás de esta página. Adicta al chocolate, nerviosa ,romántica, impulsiva y sensible todo en el mismo grado... Conoce más sobre mí

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