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Hay gente que no merece la pena. Que no merece que te entregues. Ni el esfuerzo. Ni las ganas, ni el amor. Hay gente que no merece nada de ti.
Ni que la pienses.
Ni que te preocupes de ella.
Quédate con quien te quiera
No merece que compartas tu lugar en el mundo.
Que te compartas.
Que confíes.
Hay gente que no te merece.
Porque todo lo que tú tienes dentro.
Lo que eres capaz de dar.
Todo eso que es tu memoria y tus deseos.
Les acostumbraste mal
Todo eso que eres merece un respeto.
Merece ser cuidado y bien tratado.
Hay gente que el apelativo de gente le queda grande.
Porque se comportan como cosas.
Como seres inertes con piedras alojadas en el corazón.
Capaces de hacer daño, de traicionar, de burlarse, de mentir.
Hay gente que simplemente.
Te utiliza.
Esa gente, fuera.
Ya.
Da igual quién sea.
Si es de tu familia o una pareja.
Si la conoces de toda la vida o hace dos días.
No le debes nada a alguien que te trata mal.
No eres el cubo de basura de nadie.
No.
Y se acabó.

Fuente:Cuerpo y mente

Ella baila desnuda frente al espejo, contemplando los defectos por los que tantos se fueron. Ella baila y sonríe, se ama tanto o más de lo que esperó que la amaran otros.
Disfruta de su vida y de su cuerpo, de sus heridas, sus cicatrices… disfruta del camino que la llevó a ser quien es.
Y no lo cambia por nada.
Ya no se juzga tan duramente. Ha aprendido que cuanto más feliz se vea en el espejo, menos fuerza tendrá la vida para volver a tirarla al suelo. Por eso, lucha. Por eso, baila. Porque no piensa dejar que nadie le vuelva a hacer pensar que no es suficiente, que otras son más guapas, que se ve mejor cuando está callada.
Hace tiempo que decidió dejar de sujetar a la leona que lleva dentro.
Prefiere verla libre, feliz, antes que atada en ese mar de dudas que nunca fueron suyas realmente. Eran de todos aquellos que tenían miedo de verla así, con tanta fuerza que, seguro, llegará más lejos que todos ellos.
Sin miedo de nadie, ni siquiera de los complejos que tantas veces le lanzaron desde lejos. Los abrazó y los hizo suyos. Pero eso se acabó.
Ella baila por sí misma y por todas las que aún no se atreven. Confía en que, al verla a ella así, entiendan el poder que hay dentro de todas las mujeres.
Y entonces, lucharán. Y ya no callarán ni dejarán de brillar tanto como se merecen.
Se mira en el espejo, una vez más, y sonríe. Mira sus curvas, sus cicatrices. Recuerda cada herida como si se la estuvieran haciendo en ese momento y no deja de bailar. Es libre y nunca olvida. Es fuerte y lo sabe. Es valiente y, por fin, está dispuesta a vivir sin preocuparse por nadie más que ella misma y los pocos que se merezcan su valentía.
Fuente: Porescribir.com
No te contengas, no permitas que tus miedos te detengan. Ponle ganas a la vida, cumple tus sueños de uno en uno y márcate siempre metas nuevas. No frenes, no pares. No dejes que nadie te diga que no puedes. La vida ya es lo suficientemente complicada sin dejar que voces ajenas se metan en tu cabeza.
Puedes con todo. No hay camino fácil. La gracia de los sueños está en superar todos los obstáculos que se pongan en medio. Luchar, una y otra vez, sin importar las veces que te tiren al suelo.
Serás más fuerte, te lo prometo.
Ganarás en sonrisas lo que te quiten de aliento. Cuanto más difícil se ponga todo, mayor será la victoria. Y ganarás, siempre. Porque el triunfo está en el intento, en sentirte siempre un poco más completo que ayer. Es una lucha constante contra ti mismo en la que nunca puedes perder si lo intentas.
A la vida, ganas.
A los sueños, alas.
Nunca te quedes con los pies en el suelo. Vuela tan alto que las nubes sean solo el mar de algodón que se pierda allá abajo. No hay vértigo, no hay caída.Eso llega solo cuando te permites dudar.
Sabes que puedes, que el pasado te ha demostrado que no hay imposibles cuando de verdad le pones ganas. Así que mira al frente, fija tu objetivo y lucha por conseguirlo. Tú eres tu único enemigo, no permitas que te frene.
Fuente: www.porescribir.com
Te mereces que te quieran tal y como eres, sin tener que ocultar nada de ti. Ni siquiera esas partes que no te gustan y te avergüenzan, porque el amor no entiende de prejuicios, solo de corazones. Y todos somos hermosos cuando alguien consigue mirar tan dentro, más allá de todos los rotos, justo en lo que te hace ser quien eres.
Te mereces que abracen todas tus dudas y las acunen hasta dormir. Ellas, no tú. Así, cuando solamente quedéis los dos, el amor abrazará la desnudez de vuestras almas para hacerte sentir que al fin estás en un lugar seguro, en los brazos de alguien que nunca te dejará caer.
Suena difícil, ya lo sé. Pero es que nadie dijo que tuviera que ser sencillo. En esta vida demasiadas personas se mueven por las apariencias en vez de entender que no hay defectos, solo prejuicios instaurados en esta sociedad estúpida en la que vivimos.
Te mereces un amor que no te haga dudar de ti mismo. Alguien que te haga sentirte cada día un poco mejor con la persona que eres porque cada vez que te veas reflejado en sus ojos entiendas que no hay nada malo en ser tú.
Que los problemas con tu cuerpo, no lo son. Ni con tu forma de ser.
No hay nada de qué avergonzarse. Que cada persona te vea como le dé la gana. Son ellos los únicos que deberían perder el tiempo, no tú. No permitas que te roben ni un solo segundo de tu vida en cargarte la espalda con miedos y disgustos que no son tuyos.
No te lo mereces. Y, te lo aseguro, llegará un día en que entre en tu vida alguien que no verá nada de todo eso que no te gusta. Que amará cada “defecto” porque te diferencia del resto del mundo.
Y entonces, entenderás.
Y quizá te ames tú todo lo que te ame esa persona, aunque ya debieras hacerlo antes.
Y ojalá, si un día falta, nunca decaiga tu amor por ti de nuevo.
Eres increíble, no lo olvides. No hay nada malo en ser tú.
Fuente; www.porescribir.com
Quiéreme cuando ni yo mismo sepa cómo. Cuando los miedos estén ganando la batalla y las dudas me aprieten el alma. Abrázame hasta que olvide que están ahí. Y entonces, no me sueltes. No me dejes caer porque tengo miedo de no poder levantarme.
Quiéreme entonces, en mis peores momentos, pues te prometo que en los buenos haré que todo haya merecido la pena. Sé que no debería pedirlo, pero tengo miedo de perderte igual que a otras personas que se fueron en el pasado. Todo son promesas de infinito hasta que llegan los malos tiempos. Entonces, las palabras se las lleva el viento y lo hechos demuestran que ni el amor era tan fuerte, ni ellas tan sinceras.
Quiéreme de más allí donde otras personas no supieron, donde la suma tornó en resta y supuso el final del amor. Ya he sufrido demasiado por quienes no querían darlo todo, o quizá simplemente no sabían. A veces, a la hora de la verdad, hay quien no es capaz de sacar de dentro el 100% y prefieren guardar parte de sus reservas para sí. Es entonces cuando te das cuenta de que aquella frase de “en el amor, siempre hay uno que ama más”, cobra sentido. Eras tú, como siempre. Y una vez más te duelen tan dentro que te cuesta hasta respirar.
Quiéreme bien, no pido tanto. Quiéreme como todos merecemos ser queridos. Sin reservas, sin condiciones.
Quiéreme como yo te quiero.
O si no, no me quieras.
No quiero perder el tiempo.
No quiero más amores a medias.
Fuente: www.porescribir.com
Envejecer es darse cuenta de que la vida es muy corta como para esperar a alguien que no sabe lo que quiere.

Envejecer es darse cuenta de que la vida es muy corta como para esperar a alguien que no sabe lo que quiere. Es sentir el amor de una manera diferente, más tranquilo, más pausado, con respeto, queriéndonos a nosotros mismos y dándonos cuenta de que se debe querer bonito. Es poder decir “Te quiero” y sentir la madurez de esa palabra.

Envejecer es un privilegio que nos regala la vida y que debemos agradecer. Es mirar hacia atrás y ver el camino que hemos realizado, darte cuenta que algunos amigos siguen aquí a nuestro lado, sujetando nuestra mano y esos son los amigos que suman.

Es dedicarle tiempo a lo que te gusta y aprender a vivir con lo que te molesta. Es encontrar tu esencia, buscar la esencia de las personas que te rodean y quedarte con lo que encienda tu corazón.

Envejecer es saber aprender a perdonar sin rencor, sin sentir dolor y dándote cuenta que algunas veces es más difícil perdonarte a ti mismo, que a los demás. Es querer a los que te quieren y regalar tu tiempo a los que deciden compartirlo contigo. 

Es darse cuenta que algunos libros cuentan historias más aburridas que nuestra vida, y que nos sobran los cuentos y los cuentistas.

Es darse cuenta que el talento no sirve de nada sin trabajarlo cada día, sin creer en ti, sin tener seguridad en ti mismo.

Envejecer es enamorarte cada día de tu definición, de cada arruga que te ha salido, de cada surco, de cada estría y cada cicatriz… porque cada una de ellas cuenta la historia de tu vida.

Es querer seguir viviendo, querer seguir conociendo mundo, dándonos cuenta que necesitamos menos mochila para viajar, sabiendo que algunas veces es necesario soltar lastre para poder seguir creciendo.

Envejecer es tener el orgullo de darse cuenta de que algunos sueños ya los hemos cumplido y que aún tenemos tiempo de seguir soñando. Es saber renunciar a los que no cumplimos y sonreír con ello. Es saber que algunas veces se gana, otras se pierde, pero siempre se aprende. Es tener valor muy por encima de nuestras posibilidades.

Es seguir teniendo conversaciones a las tres de la mañana de cómo solucionar este mundo, mientras te tomas una cerveza. Envejecer es ganar experiencia, es saber disfrutar de cada año como si fuera el último. Es saber que algunas veces en un “Gracias“, va implícito un “Te quiero“. Que algunas caricias te roban un suspiro y se llevan consigo una parte de tu corazón.

No es decir “me hago mayor“, es pensar que soy un poco más sabio que ayer y menos tonto que mañana. Es pensar que ya no quiero vivir historias a medias. 

Es darse cuenta que no puedes dejar para mañana lo que deberías estar haciendo hoy.
Ahora.

Fuente:Voces.me

Cosas maravillosas ocurren cuando aprendemos a amarnos, una de ellas es valorarnos y entender que no debemos desperdiciar nuestro tiempo pretendiendo ser parte de la vida de alguien que nos quiere a tiempo parcial.

Cuando aprendemos a darnos nuestro puesto, ya no queremos ocupar posiciones inestables en la vida de los demás. A menos que por preferencia puntual y específica así lo prefiramos. Pero normalmente vamos a preferir amores que nos quieran bien y que nos quieran de forma constante.

No todos saben lo que quieren

Esa forma de querer de manera intermitente, por lo general es ofrecida por quien no está seguro de lo que quiere, lo cual puede ser válido, pero no necesariamente justo para quien está del otro lado.

El amor propio muchas veces se debe aprender, porque por diversos motivos quizás hemos crecimos y nos desarrollamos con una pobre autoimagen, o bien ese respeto que nos merecemos lo fuimos perdiendo en el transcurrir del tiempo.

Darnos cuenta de que no nos amamos puede ser algo muy doloroso y difícil de afrontar, sin embargo, es una excelente oportunidad para reencontrarnos y reconciliarnos con quienes somos. Lo que pasa es que esto solemos evadirlo, solemos hacernos los que no vemos. Actuamos como esas personas que ante el maltrato a alguien más, hace como si no ha visto nada. Pero resulta que nos estamos haciendo daño nosotros mismos y estamos permitiendo a otros que nos lo hagan.

El amor no se impone

Evidentemente no tenemos control sobre lo que otros hacen, pero sí de cómo reaccionamos a eso. Si algo no nos gusta o nos lastima debemos aprender a protegernos. Está bien cuidarnos y establecer límites. Puede ser que deseemos un tipo de relación con alguien, pero si no es lo que estamos obteniendo, sino que estamos recibiendo algo que nos genera malestar, no debemos conformarnos.

No podemos obligar o presionar a alguien para que nos quiera como nos gustaría, pero podemos decidir no recibir lo que no queremos y alejarnos de allí, diciéndole a la vida: le estoy dando espacio para llegue a mi vida lo que sí quiero.

Muchas veces por miedo a quedarnos solos, nos conformamos con migajas, con lo que alguien no sabe qué hacer con ello y nos lo da como para garantizar que de alguna manera estaremos allí, listos, para cuando nos necesite.

Reconcíliate contigo

El amor propio se cultiva y no debemos avergonzarnos de mirarnos al espejo y no poder reconocernos positivamente, pero sí debemos trabajar en ello. Debemos cultivar el amor, viendo en nosotros lo maravillosos que somos, lo interesantes, lo inteligentes, lo valiosos y hasta valientes. Cada uno de nosotros tiene cualidades únicas y maravillosas, talentos increíbles, solo falta que nos demos un poco de espacio y de amor para que nos hallemos seres merecedores de lo mejor.

Practica a diario una rutina de reconocimiento, mírate frente al espejo y di cosas positivas de ti durante un minuto y al menos tres veces al día, reconoce algo positivo de ti. Puede ser algo que hayas hecho bien, alguna cualidad, un atributo físico, algo que hayas aprendido a hacer… cualquier cosa.

Además de ello, vas a vigilar tu diálogo interno y cuando te encuentres pensando mal de ti, te defenderás, argumentarás lo suficiente como para callar esa voz en tu interior que se ha acostumbrado a desvalorarte y a llevarte a menos. Hazle saber a esa parte de ti, que ya no es bienvenida y que no estás dispuesta a escucharle más.

Y nuevamente retornas a ti

Amarse a uno mismo de manera realista y sana, es uno de los principales requisitos de la salud, en toda la extensión del término, y el mejor camino para expresar y comunicar afecto a las personas que queremos.

-Walter Riso-

Hacer del amor propio una práctica nos lleva un camino sin retorno que disfrutaremos el resto de nuestras vidas y desde donde nunca más atraeremos a aquellas personas que nos quieren cuando quieren. Así que todo comienza y termina en ti.

Por: Sara Espejo – Reencontrate.com

La felicidad es el estado en el que todos quisiéramos encontrarnos. Ser feliz depende de ti y no de tus circunstancias.

Muchas veces nos obsesionamos con encontrar la felicidad sin saber bien qué es y qué tenemos que hacer para lograr ese estado.

“Si tu felicidad depende de lo que hagan los demás, supongo que estarás en aprietos”. Richard Bach

Generalmente creemos que nuestra felicidad depende de los demás, de las circunstancias que nos rodean y no somos capaces de entender que dependerá de nuestro modo de ver las cosas y tratar de solucionar lo que nos preocupa sin cargar la responsabilidad a otro.

¿Qué es la felicidad?

No hay un patrón de felicidad igual para todo el mundo. No es algo que está al alcance de la mano bajo las circunstancias que vivimos, sino más bien es cómo vivimos cada uno de nosotros esas experiencias.

Es erróneo creer que la felicidad depende de tener más dinero, un mejor trabajo, una pareja estable o hijos maravillosos. Estar en la búsqueda permanente de aquello que nos falta, hace que perdamos el objetivo de lo que realmente importa.

La felicidad no pasa por ahí. Es cuestión de darse cuenta de que no depende de lo que tenemos sino de lo que somos. Estamos acostumbrados a buscar afuera cuando, en realidad, debemos hacerlo hacia nuestro interior.

¿Cómo sería eso de buscar la felicidad en nuestro interior? Para encontrarla, debemos aprender a amarnos y aceptarnos tal cual somos sin desear parecernos a los demás. Si logramos esto, será la clave para no rendirse ante las circunstancias externas y saber que somos capaces de sobrellevarlas.

Cambia de actitud

No se trata de vivir siempre experiencias positivas porque la vida también nos enfrenta a situaciones negativas. Se trata de aprender a integrar todas esas experiencias tomándolas como un aprendizaje, porque todas son necesarias para darle valor a la vida.

Cuando tomamos conciencia de que la satisfacción personal no depende de lo que suceda a nuestro alrededor, nuestra actitud ante la vida cambia. Disponemos del potencial para elegir cómo vivir nuestra vida más allá de las circunstancias que nos toquen vivir.

Cambiar de actitud nos proporcionará vivir en armonía y ser los únicos responsables de nuestra felicidad, sin depender de las circunstancias ajenas.

La felicidad no está a la venta

Hoy en día todo nos lleva a creer que la felicidad está ahí afuera ofreciéndonos fórmulas mágicas, diciéndonos cómo comportarnos, qué tenemos que comer, qué deporte practicar, a dónde ir, qué comprar… como si hubiera una fórmula única para todos. Lo que me hace feliz a mí no te hace feliz a ti.

El buscar la felicidad en el exterior hace que cada vez nos alejemos más de nuestro interior, nos desconecta y deviene la frustración. Las necesidades externas que nos hemos creado no son auténticas, son efímeras. Son creadas por los demás y nosotros las tomamos como propias. Depender de lo externo nos esclaviza.

“No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”. San Agustín

Ser feliz depende de ti

La felicidad no tiene que ver con la ambición. No vamos a ser más felices por conseguir más dinero, poder o mayores triunfos. Tampoco pasa por obtener mayor placer a través del cuerpo porque eso es efímero.

“Existe el placer y existe la dicha. Renuncia a lo primero para poseer lo segundo”. Buda Gautama

Esto es la parte superficial de la vida, sin profundidad y no nos brinda calidad. Ser feliz depende de ti no de la cantidad de cosas que obtengas. Depende del modo en que encares tu vida. Supone un despertar hacia lo verdaderamente importante.

Debemos aprender a escucharnos, a conocer nuestras verdaderas necesidades que no son las que nos esclavizan y nos mantienen atados a una falsa felicidad.

12 Claves para ser feliz y no depender de los demás

Piensa que en la vida todo es transitorio, agradece todo lo que te rodea y céntrate en las cosas que tienes que cambiar.

  1. No tomes lo que te digan de modo personal.
  2. No te dejes contaminar por los demás.
  3. Ponte una meta diaria que te haga sentir bien.
  4. Haz las cosas por ti mismo.
  5. Fortalece tu autoestima.
  6. Aprende a quererte y a priorizarte.
  7. Crea tu propio espacio.
  8. Ten una buena inteligencia emocional.
  9. Deja de lado el inconformismo.
  10. Busca tus propios sentimientos.
  11. Ponle buen humor a la vida y contagia.
  12. Deja atrás el pasado, no busques el futuro, vive aquí y ahora.

Para ser feliz se necesita eliminar dos cosas:

el temor de un mal futuro y el recuerdo de un mal pasado.

¡Vive el presente!

La tóxica eres “TÚ”
Cuando te dejan sola
y aún sigues ahí.
Cuando no te dedican tiempo
y aun sigues ahí.
Cuando existen otras prioridades
menos tú y aún sigues ahí.
Cuando te tratan mal
y aún sigues ahí.
Cuando te traicionan una y otra vez
y aún sigues ahí.
Cuando te insultan
y aún sigues ahí.
Cuando te humillan y desprecian
y aún sigues ahí.
Cuando te resignas a ser una mujer
sufrida y abnegada y aún sigues ahí.
Cuando no buscas ni intentas
otra salida y aún sigues ahí.
Cuando dices que te sacrificas
por tus hijos y aún sigues ahí.
“La tóxica eres tú”
Porque estás viva sin vivir…
… y aún sigues ahí.”

Todos hemos sentido que casi nos arrancan el corazón cuando se marcha, como si esa persona haya ganado el derecho de estar atada a él y llevárselo, el derecho a dejarnos sin fuerzas si se va.

Y luego, hay diferentes formas de levantarse de nuevo de la cama, o de la vida misma; la de algunos, como yo, es quedarse acostado esperando a alguien que nos motive a salir al mundo de nuevo.

Pero justo cuando has perdido la esperanza, llega, porque tarde o temprano siempre llega alguien, esa persona que al mirarle te cura las heridas del pasado.

Así es, ahora le escuchas, le escribes, le besas, para entender que todo está bien, para creer que volver a empezar vale la pena.

Porque lo mejor de un fin, es la posibilidad de iniciar otra vez, de una mejor forma, siendo  más fuertes.

Y te das cuenta que el tiempo que pasaste acostado fue necesario para descansar, recuperarte y dar todo de ti, ahora, que ha llegado esa persona, porque no tiene la culpa de tu pasado pero si puede hacer tu presente mejor.

Quizás todo esto va en plan positivista, quizás muchos como yo solo seamos un puñado de ilusos, pero de eso se trata esto.

De soñar,

De no prepararse para sufrir sino para amar,

Y aun cuando nos han dañado,

Tengamos el valor de seguir soñando.

Fuente: voces.me