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Últimamente nos llegan noticias preocupantes sobre las relaciones de pareja que se rompen unilateralmente. Nos referimos a esos hombres que desaparecen de tu vida sin una explicación, que un buen día se van, no te llaman, no te contestan…nada. Nos preguntamos a dónde van los hombres desparecidos. ¿Dónde están?

¿Dónde están los hombres que desparecen de tu vida?

Todo eran risas, miradas de amor y sexo de lujo hasta que un buen día ese hombre por el que te volvías loca desaparece. Se fue a por tabaco y no volvió, se marcó una ruptura ghosting o a saber qué ha pasado, el caso es que ha desaparecido. No te llama, no te contesta, ha desaparecido de tus redes sociales, no está, se lo ha tragado la tierra.

A la espera de que podamos aceptar que un hombre desaparezca sin más, algo que nos está costando bastante entender, nos surgen más preguntas en torno a este extraño fenómeno paranormal. ¿Dónde están los hombres que desparecen? Lo que tenemos bien claro es que muertos no están. También tenemos bastante claro que están con otra, pero ¿dónde?

Lo más seguro es que por su comportamiento estén ubicados en el más profundo de los infiernos, que es donde van a parar todos esos hombres que no merecen la pena. O acaso hay un cielo para hombres desparecidos donde se quedan tiritando de frío a causa de las maldiciones que les hemos lanzado las abandonadas sin explicación.

Se trata de un misterio sin resolver porque esos hombres no aparecen por ningún lado. Ni frecuentan los bares de antes y muchos ni siquiera vuelven a su trabajo. Y no sería justo que mientras nosotras vivimos la psicosis del desamor inexplicable, ellos pudieran continuar como si tal cosa. Así que estén donde estén, tendrán que cambiar de lugar porque a partir de ahora tenemos un sito especial para ellos: el foso de los olvidados.

Fuente: https://www.diariofemenino.com/

A la hora de terminar una relación, muchas personas sienten la necesidad de expresar lo que sienten o bien de recibir explicaciones. Ante la duda de si buscar o no una última conversación, examina cuál de estas dos necesidades pesa más.

Hay una cosa común entre dejado y dejador con respeto a las últimas charlas de despedida: que son un papelón tremendo. No sólo por el cargamento de emociones y sentimientos que acarrea una ruptura, sino por lo tremendamente complicado que es (por parte del dejado) expresar todo cuanto quiere preguntar o entender y (para el dejador), enfrentarse al dolor de una persona que quiere entender algo que en muchas ocasiones no tiene explicación racional alguna.

Vamos a empezar por lo fácil: ¿cuándo ahorrarse sin duda alguna esa incomodísima charla póstuma?. Obviamente, relaciones de maltrato. Si ha habido violencia de algún tipo: tu necesidad de expresarte encontrará canales más saludables y seguros que el de comunicarte con alguien con el que tu integridad física o mental está en peligro. Ni se te ocurra. Contacto cero a morir.

Quitando esta excepción por motivos obvios, ahí viene la pregunta del millón:

¿Cuándo tener la última conversación?

Pues por regla general, cuando uno quiera y lo necesite y el otro se deje. Y volviendo a nuestra frase de inicio, sobre todo cuando necesitas expresarte. Porque si acudes buscando explicaciones para encontrar una calma mental en la tormenta de tu proceso de duelo, saldrás peor que antes. ¿Por qué?

1- La otra persona no es responsable de tu bienestar emocional: esta frase probablemente moleste mucho a cualquier dependiente emocional, incluso los que andeis en fase de rehabilitación. Pero es cierto. La labor de contención emocional, apoyo, ayuda y ánimo no pertenece a una ex pareja. Pertenece a nosotros mismos y si hay suerte, participarán de ello los seres queridos que sí desean permanecer en nuestras vidas, no uno que se está marchando.

2- La otra persona no tiene porqué tener el nivel de autoconocimiento e inteligencia emocional necesario para saber responderte a todo lo que estás cuestionándote. Una cliente mía se quejaba amargamente de las actitudes incoherentes de su ex: No lo entiendo. ¡Pero si es psicólogo, debería entenderse a sí mismo!. Pues no. Hay cosas que ni en mil vidas uno se podrá explicar de nada, ni de nadie. Aceptación al poder.

3- La otra persona vive su propia versión: por extraño y surrealista que parezca visto desde fuera y desde la distancia, lo cierto es que en esos momentos y por alguna curiosa razón, creemos que sólo hay UN solo punto de vista, UNA sola historia, y UNA versión válida, que por supuesto es la nuestra. Sí, tu ex, piensa exactamente lo mismo de la suya.

4- Nunca en caliente: de verdad. La mayoría de la gente no se arrepiente de intentar un cierre por su paz mental, pero sí nos solemos arrepentir de esas idas de olla que empiezan por un rollo empoderado en plan voy a cantarle las cuarenta a fulanito/a…y acaban haciendo el ridículo, con la autoestima por el inframundo y llamada de emergencia a las amistades para ir a emborracharse y deprimirse aún más.

Visto todo esto, lo cierto es que una conversación final con una persona con la que ha habido una relación digna, aunque la ruptura haya sido peor que la secuela de Dirty Dancing, suele ser una buena ocasión para el desahogo mutuo, los abrazos sentidos y las lloreras terapéuticas, éstas últimas muy recomendables para el trabajazo de aceptación que vamos a tener por delante.

Otra duda razonable: ¿por escrito o en persona? Pues partiendo de la base que el objetivo es nuestro bienestar emocional, la respuesta es fácil: como podamos y sepamos mejor.

Afrontar una conversación de cierre implica enfrentarse a algo que se desea y se teme. En ello se mezcla en miedo a reencontrarnos con el sentimiento de rechazo y abandono; la necesidad de despedida, que es totalmente normal y humana (y por eso en todas las culturas del mundo se realizan, por ejemplo, rituales fúnebres cuando fallece alguien); y por último, el anhelo de dar valor a una vivencia que en ese momento sentimos que se arroja por el vacío como si nada hubiera importado. Si desnudamos todo hasta la esencia, ¿qué significa despedirse?

Despedirse es decir: estoy aquí, existí, sentí, sentiste, fuimos.

Sin esta necesidad, no sólo no habría despedidas: no habría cuadros, libros, películas, monumentos, ni obras humanas extraordinarias. Hasta el día en que ya nos liberemos del deseo de dejar constancia de haber vivido, seguiremos despidiéndonos. 

Fuente:Locosdeamor.org

¿Harto/a de relaciones superficiales, parejas sin compromiso y de que los miedos, inseguridades y traumas ajenos no dejen de desbaratar, una y otra vez, tus ansias de estabilidad? ¿Eres tú, o son los demás?

Hace unos años, estuvieron muy de moda en las librerías y quioscos españoles, unos métodos supuestamente infalibles para aprender a dominar el inglés en plazos de 6 meses. El idioma estaba de moda, se pedía en todo tipo de trabajos y por entonces, no había tantas personas que lo hablasen con fluidez, con lo cual las oportunidades laborales asociadas a este conocimiento, eran más interesantes y mejor pagadas.

Como es natural, estos productos empezaron a proliferar por todas partes.

¿Cuál era la verdadera eficacia del sistema Aprenda inglés en 6 meses? Se podría resumir tranquilamente en: ninguna.

Antes de llegar al plazo milagroso en el que hablaríamos inglés como Shakesperare (o al menos, como Hugh Grant), los manuales y los cd’s del famoso método estaban acumulando polvo en alguna estantería de nuestras casas, mirándonos con ojitos acusadores. Sólo le faltaba decirnos -con voz de padre-  que éramos unos vagos de mierda. En la misma estantería se fueron acumulando, año tras año, los métodos milagrosos para tocar la guitarra, para aprender crochet, para cultivar tu huerto urbano o para jugar al tenis como Federer.

El problema de base por el cual no funcionaba, era, en realidad, muy sencillo. Las personas se aburrían haciéndolo. Adquirían este producto no con la mente puesta en voy a estar 6 meses disfrutando del aprendizaje del inglés, sino algo así como este mágico método hará que aprenda a hacerlo sin grandes esfuerzos.

Muchas personas me escriben expresando su frustración o su desespero por no conseguir una relación estable. El verbo conseguir en relación con la pareja siempre trae a mi mente la imagen inmediata de un animoso pretendiente entrando en una tienda y pidiéndole al dependiente: ¡póngame cuarto y dos kilos de pareja formal!. Es un aseveración que en cierto modo, subraya de una forma muy tierna este eterno hábito que tenemos los seres humanos de concentrarnos en el objetivo ignorando olímpicamente el proceso.

Una relación estable, no se logra como el que va a esa imaginaria tienda a pedir un producto ya manufacturado y preparado para su consumo. Una relación estable es la consecuencia natural de ir conociendo a una persona, de enamorarte, de elegirla, de ser correspondido/a y de ir construyendo el vínculo en el día a día, aun sabiendo que como en toda apuesta, el resultado siempre es incierto.

Si vas con la idea de conseguir una relación estable con la primera persona que te atraiga y que acceda a ello, es perfectamente lógico que el otro se ponga a la defensiva, desconfíe, se trabe en su coraza o simplemente, desaparezca. Todos queremos que nuestras parejas nos escojan por ser nosotros, no por proveerles de un objetivo de vida determinado y que alguien a quien estamos conociendo ya nos ponga por delante un meticuloso planning sentimental en el cual parece que nuestra opinión viene sobrando, no causa una impresión muy agradable.

Fuente: Locosdeamor.org

Que no te hagan creer que eres una herramienta para paliar la soledad ajena. La que siempre dice que sí. Que no te hagan sentir que eres un comodín, un accesorio que siempre está disponible para ser usado y tirado.

Que te estafen.

Que cojan toda tu verdad, tu amor, tu entrega y tu afecto.

Y que te mientan.

Que desprecien todo aquello que eres.

Toda tu intimidad.

Que te hagan creer que has perdido el tiempo.

Que no vales lo suficiente para que sean honestos contigo.

Que eres simplemente un accesorio.

Una herramienta para paliar la soledad ajena.

Un comodín.

La que siempre dice que sí.

Que te timen vitalmente.

Que desprecien tu presencia.

Que le den poca importancia a tu existencia.

Eso es lo peor que pueden hacer contigo: suponerte.

Acostumbrarse a ti.

No apreciar tus matices.

No querer saber más de quién eres en el fondo.

No verte.

Usarte.

Ser como una cosa, como una silla, un WC, un plato o una cuchara para el otro.

Rechazar el asombro de tus capacidades.

La maravilla de todas tus posibilidades.

Darte por muerta.

Cuando todavía.

Sigues bien viva.

Te han dejado, estás sufriendo como nunca en tu vida y darías  todo lo que posees por una llamada, un mensaje o una señal de humo de la persona que te ha ocasionado todo ese terrible dolor. Revisas el móvil cada dos minutos, el correo electrónico cada tres, y al otro lado… el silencio. ¿Por qué no te habla tu ex? La frecuencia de un corazón roto se puede medir en todas las palabras que uno necesitó escuchar y el otro jamás llegó a decir.

Después de una ruptura, sobreviene un síndrome de abstinencia. De repente, un esquema se ha roto: hemos perdido una fuente de bienestar, cariño, incluso seguridad emocional. Algo que era nuestro ha dejado de serlo para siempre y nuestro cerebro se enfrenta a la difícil tarea de asimilarlo. Mientras tanto, sentimos que cualquier contacto por parte del otro, aunque sea para decirnos lo que no quisiéramos oír, es mejor que esa nada insoportable que nos ha brindado su repentina ausencia.

¿Por qué no me busca? ¿Por qué no me habla? ¿Es tan insensible que no entiende lo que estoy sufriendo?

En el dolor, no hay cabida para la razón. Somos niños que gritamos en el terror de haber sido abandonados en la habitación oscura de nuestra recién estrenada soledad.

A veces, sólo necesitamos una voz serena que nos haga retornar, aunque sea por un momento, al reino de la lucidez.

Tu ex no te habla, porque no tiene que hacerlo. No significa que no se sienta mal, no significa que no te tenga cariño, ni tampoco que sea un ser insensible de corazón de piedra. Dejar a alguien que te quiere no es sencillo, ni fácil. Antes de hacerlo, hay un periodo de reflexión, una lenta muerte del sentimiento y un duelo previo por una relación que se sabe sentenciada.

Puede que se haya cruzado otra persona y hayan preferido iniciar una nueva relación, o puede que prefieran estar solos y recuperar las riendas de su vida. En cualquier caso, hay diversos motivos por los cuales tu ex pareja no se comunica contigo y son completamente irrelevantes, aunque tú en esos momentos creas lo contrario.

Lo cierto es que la pregunta no es ¿por qué no me habla mi ex? sino ¿por qué una persona que ha decidido no ser parte de mi vida tendría que hablarme?

En pleno proceso de duelo, que tu ex pareja trate de mantener la amistad, que se preocupe por ti, o que te tantee con pequeños toques que no conducen a nada, sólo sirve para una cosa: para que alimentes falsas esperanzas, sufras más y sigas dándole vueltas a la cabeza, sin poder procesar la pérdida.

Muchas veces pensarás algo así como si no me habla es que ya no siente nada.

Nadie puede ponerse en la cabeza de otra persona. Sean cuales sean las razones por las cuales no sabes nada de tu ex, lo único tangible es que esa persona está permitiendo -con su silencio-  que tú puedas superarlo.

Así pues, cada vez que el niño lastimado en ti salga a preguntar ¿por qué no me habla?, permite a la voz de la razón darte la réplica: mejor que no lo haga.

(Y deja de mirar el móvil)

Fuente: Locosdeamor.org

Te deja, pero no te deja. Sigue llamándote, quedando contigo, actuando como si todavía fuerais una pareja. A estas alturas de la historia tú ya no sabes qué pensar. ¿Sólo quiere una amistad? ¿Por qué me besa y me abraza? ¿Quiere volver conmigo? ¿Qué hago? 

Cuando nos deja una persona a la que todavía queremos, sigue una etapa en la que todavía nos resistimos a asimilar que todo ha terminado y alimentamos las esperanzas por medio de los detalles más inverosímiles. Desde un whatsapp a las seis de la mañana, hasta una canción en el muro del Facebook, cualquier cosa sirve para atizar el fuego y mantenernos a la expectativa, como si el amor hubiera pasado de ser un diálogo abierto entre dos personas dispuestas, a una negociación encriptada en la que cualquier paso en falso podría dar al traste con todo. 

Si una persona te manda literal y figuradamente a freír espárragos y contradiciendo su decisión, se comporta como si nada hubiera sucedido, seguramente te sentirás perdido/a y sin saber muy bien cómo proceder. Por una parte, parece que sobre el papel, la relación ha terminado, ambos sois libres y podéis seguir adelante solos o conociendo a otras personas. Pero sin embargo, todo parece seguir igual, lo cual te retiene en un punto imposible desde el cual no puedes ni retroceder ni avanzar.

¿Por qué ocurre esto? Que una ex pareja siga contactándote, o queriendo sexo contigo, o abrazándote o hablándote constantemente, no significa que te ame ni que quiera volver.

Por lo general, cuando alguien rompe una relación lo hace porque precisamente no quiere estar en esa relación (y tampoco le quedan demasiadas ganas de quedarse a arreglarlo). Lo cual no significa que no le siga gustando tener a alguien que le dé cariño, sexo,  abrazos o simplemente le escuche las penas y le proporcione apoyo moral.

¿La situación ideal? Tener todas las prestaciones de tener una pareja…pero sin ninguno de sus compromisos. Lo que fuera una relación de pareja se ha convertido en un renting.

Desgraciadamente para la persona que sí sigue enamorada y con deseos de retomar la relación, estos comportamientos sólo prolongan su agonía y le impiden recuperarse, perdiendo su tiempo y energías en dilucidar si tal cosa que les dijo su ex el otro día significa que a lo mejor pueden volver, o que si siguen acostándose con esa pareja y siendo muy cariñosos, se dará cuenta de lo que tiene y deseará retomar la relación.

 Mantenerte en la incertidumbre, en la espera, en el depender de las decisiones del otro, no te reporta ningún beneficio y sí una buena cantidad de quebraderos de cabeza. No sabes cómo interpretar las actitudes de tu ex pareja y además estás confiando en que realmente dicha ex pareja sabe lo que hace. Las malas/buenas noticias es que de la única persona de cuyas motivaciones y deseos puedes estar seguro, eres tú mismo/a. Los demás no son infalibles: pueden ser débiles, dependientes, o tener miedo, o equivocarse.  Empieza a asumirlo: es más que probable que tu ex no tenga ni la menor idea de porqué hace lo que hace. 

Por ello, si te encuentras en esta situación y no sabes cómo actuar al respecto, hazte la siguiente pregunta

– ¿Que es lo que YO quiero?

Si tu respuesta es “volver con mi ex”, entonces no pierdas más tiempo. Pon las cosas sobre la mesa y habla con esa persona. Si sigue confuso/a, si no tiene las cosas claras, si no sabe si quiere retomar la relación, pero pretende seguir quedando y aprovechando tus servicios de ex pareja amorosa y dedicada -y no es eso lo que tú deseas-, pon límites.

¿Qué desea reintentarlo? Ok, negociemos. ¿Qué no lo sabe? Pues que cuando lo sepa, te avise, no antes ¿Qué no quiere nada? Quizás ha llegado el momento de decirnos adiós.

Fuente: Locosdeamor.org

Mi novio es muy buena persona…pero tiene un problema. De tanto en tanto, se le cruzan los cables, se agobia y rompe conmigo. Deja de hablarme y desaparece durante unas semanas. Más tarde vuelve arrepentido y me pide una nueva oportunidad.
 En los cuatro años que llevamos juntos…me ha dejado siete veces. A veces dudo de que realmente me quiera, pero entonces ¿por qué siempre vuelve? Estoy tan cansada…ayer rompió de nuevo conmigo y aunque le sigo amando muchísimo, ya no estoy segura de si quiero que regrese…
Las relaciones de idas y venidas son unas viejas conocidas dentro del nutrido abanico de posibilidades disfuncionales que ofrece la dependencia. Funcionan, en casi todos los casos, de una manera muy similar. Dos personas se conocen, se enamoran: la relación empieza a avanzar y de repente, a uno de los dos, le entra quién sabe qué regomello interno y deja inopinadamente la relación, por lo general de manera algo brusca y bastante inesperada.
Cuando ya estamos haciéndonos a la idea de que nos han hecho un Houdini en toda regla, a los días, a la semana o al mes, el perdido o la perdida reaparecen de súbito, con grandilocuentes palabras de amor. Nos quedamos a cuadros.
La pregunta del millón es: si nos ama tantísimo ¿por qué nos ha dejado?
Pero el caso es que estamos enamorados y/o seguimos creyendo que esa persona podría ser el amor de nuestras vidas, así que ignoramos esa ninguneadísima voz interior que nos indica que hay un fallo (y de los gordos) en Matrix, y nuestra mente empieza a fabricar una tupida y maravillosa red de excusas, a veces incluso, sin que ni siquiera se hayan molestado en dárnoslas.
No, es que tiene muchos traumas…
No, es que el pobre se agobia…
No, es que lo pasó muy mal en su última relación…
No, es que no está acostumbrada a tener una relación de pareja…
No, es que su padre le pegaba de pequeño…
 
La pregunta del millón se da la vuelta y se convierte en la pregunta del todo a cien: si no me amase ¿por qué iba a regresar?
En definitiva: que vuelves, dispuesto o dispuesta a entregar todo tu amor a ese ser inseguro que necesita huir para afianzarse en lo que siente por ti (¿perdón?). Pero todos merecemos una segunda oportunidad ¿no? Siguiente round.
A la cuarta, quinta o décima oportunidad, tu autoestima ya no es que esté baja, que sería algo bueno, ya que significaría que aún queda algo de ella. No, tu autoestima, no está baja. Se ha volatilizado por completo. Tu cabeza ha logrado normalizar a duras penas estos comportamientos, pero tu cuerpo, no está nada de acuerdo. La ansiedad se convierte en tu nueva mejor amiga del alma. Con un poco de suerte, puede que sólo sea ansiedad.
Lo más curioso de todo es que mientras sufres, tu salud se resiente y te juegas una depresión, tu mayor preocupación seguirá siendo resolverle los traumas de la infancia a tu mareante pareja.
El caso es que ya no estás con una pareja, estás con una bomba de tiempo que no sabes cuándo o cómo va a explotarte de nuevo ante las narices y vives, temiendo y deseando al unísono, que regrese de nuevo y el ciclo recomience hasta la próxima detonación.
¿Qué te mantiene enganchado a esta situación insostenible?
La pareja yo-yó nunca evoluciona porque las constantes rupturas ponen el contador a cero, recreando en cierto modo las sensaciones adrenalíticas de los primeros meses del enamoramiento, en la que el otro a menudo se percibe como un reto a conquistar. No se llega a una rutina, no vemos al otro de una manera realista en ningún momento. El enamoramiento no se desgasta. Sólo se desgasta la autoestima, el amor propio y la salud. 
Es lo más parecido que existe al amor intenso y eternamente satisfactorio de las películas románticas, con la salvedad de que en las películas románticas ninguno de los protagonistas acaba en la consulta de un psiquiatra suplicándole ansiolíticos.
¿Qué hay detrás de una persona que necesita escapar de su relación?
Por lo general, quien vive esta dicotomía entre alejamientos y acercamientos, puede querer a su pareja, pero no puede amarla de forma sana, estable y consistente y carece de la disposición necesaria para aprender a hacerle. Sus sentimientos dentro de la relación son, en su mayor parte, de vacío y apatía. Lo que hace que regresen cuando se marchan, es que cuando están solos, se sienten todavía peor.
Quien necesita ir y venir, no encaja con parejas con la autoestima sana y un modelo afectivo seguro y equilibrado, sino con perfiles complementarios que se enganchan rápidamente a esa montaña rusa y que anteponen la relación a la salud o a la dignidad personal, viviendo para una supuesta transformación futura, mientras el presente se les escapa día a día en un sordo e invisible sufrimiento.
No obstante, con cada ruptura, esta transformación milagrosa está cada día más lejos. Las víctimas de la pareja yo-yó, se enfrentan al doloroso desmoronamiento de una relación cada vez más dañada y resquebrajada. Las idas y venidas empiezan a perder su carácter pasional y poco a poco se descubre que incluso una relación tóxica puede devenir en una relación tóxica decepcionante, aburrida y rutinaria. Para recuperar su montaña rusa de intensidad y enamoramiento, los conflictos se tornarán más frecuentes, las idas y venidas se intensificarán y las reconciliaciones cada vez serán más breves.
Empezamos a vislumbrar a la persona que hay entre los jirones de esas expectativas rotas, y nos damos cuenta que ni siquiera es una persona que nos guste demasiado.
La mayor ironía de la relaciones yo-yó es que si la persona inestable se estabilizase, tal y como soñamos, nos aburriríamos.
Seríamos nosotros quienes empezaríamos a ahogarnos en la apatía y el vacío que hasta entonces han estado camuflados por la intensidad del culebrón.
¿Puedo intentar salvar mi relación?
Las pocas posibilidades que existen de intentar cambiar estas dinámicas tan dañinas, es no entrar en ellas. Si una persona necesita fugarse de tanto en tanto de su relación contigo, tiene un problema que hace imposible que crezca esa pareja. Aunque lo que te pida el cuerpo sea volver corriendo y disfrutar de la reconciliación, tómate un plazo para decidir y pedir cambios antes de apostar de nuevo por otro regreso de pronóstico reservado.
 
La próxima vez que tu compañero yo-yó vuelve a dejarte, pregúntate si quieres a tu lado a una persona con la que no vas a poder contar en los malos momentos (si se escabulle ahora cuando no hay grandes problemas, ¿qué pasará cuando tengáis hijos, fallezca un familiar, haya enfermedades…?) y con el que no vas a poder ir más allá del estadio inicial de la relación.
Sé consciente de que cada vez que esta persona te abandona, te está dando, sin percatarse, el poder de decidir si quieres o no quieres seguir y de pedir ciertas condiciones. No te ciegues en la desesperación y acuérdate de que ese espacio y tiempo que se te impone, también puedes utilizarlo en tu beneficio.
Fuente:Locosdeamor.org

ictimismo: dícese de aquella actitud ante la vida y las circunstancias que nos condena a repetir, de forma inexorable e inevitable, los mismos errores. 

Pero, pongámonos en situación. Eres buena persona. Muy buena persona. Más bueno/a que el pan con nocilla. Pero el sexo opuesto -o el sexo que a ti te interese – no parece apreciar todo lo que tú eres capaz de dar. No sólo no valoran al ser de luz que hay en ti, sino que aún encima parecen preferir a otros y a otras que no les tratarán ni la mitad de bien. Lo has probado todo: hacer favores, fingir indiferencia, entregarte a tope, ser el hombro en el que llorar…para verles emigrar a unos brazos mucho menos generosos que los tuyos.

¿Es que el mundo es así de cruel? ¿Por qué la gente no puede ver ese corazón palpitante con el ansia de amar y ser amado (sobre todo lo segundo)? Pasan los años y te vas quedando sin excusas. No es el físico, porque hay personas menos atractivas y tienen pareja. No es el factor económico, porque conoces personas que no tienen ni para comprarse unas pipas y tienen pareja. No es por falta de intereses, porque con tanto tiempo libre, te salen las aficiones por las orejas.

Entonces, ¿qué? ¿qué demonios está fallando?

Antes de volcar tu frustración hacia afuera condenando a las otras personas por ser superficiales, o interesadas, o impresentables o simplemente ciegas a tus encantos, empieza por reflexionar sobre qué transmites al exterior.

Ser una buena persona significa guiarse por un principio de empatía y honesta preocupación por los demás y por uno mismo, porque en ello se encuentra una satisfacción íntima e intransferible, independientemente de si se obtiene algún beneficio material de ello. No debe confundirse con alguien moralmente inconsistente que cree que la mejor manera de ganarse el favor de alguien es actuar como su sirviente.

Revisa tus habilidades sociales: no hace falta ser el rey o la reina de la fiesta para que alguien te quiera, pero si te recluyes en una concha de timidez enfermiza abortando toda iniciativa a menos que la otra persona haga un ímprobo esfuerzo por adivinar que debajo de todo eso puede esconderse alguien interesante, más vale que pongas una velitas a San Judas Tadeo. 

La desesperación se huele, se siente, se palpa...y repele. Nadie quiere ser el último recurso, el peor es nada de otra persona.

Algo estás haciendo mal. Y si has llegado a este punto en el que ya has dejado de sentirte víctima del mundo, de la sociedad o del índice de población por géneros y reconoces que sea lo que sea lo que hay en ti, te está limitando a la hora de establecer vínculos amorosos, quizás ha llegado la hora de investigar qué es. ¿Una sugerencia? Empieza por revisar tu aspecto, tu manera de relacionarte y el entorno en el que te mueves para conocer gente.

Aprende. Si llevas toda la vida haciendo lo mismo, seguirá sucediendo lo mismo. Empieza a introducir cambios en la forma en que te acercas a otras personas. No finjas actitudes y siempre recuerda que estás tratando con seres humanos con sentimientos, no con extraordinarios Santos Griales amorosos con la increíble facultad de poder hacerte feliz o darte lo que buscas.

Observa y respeta a tu interlocutor. Un diálogo es crear un territorio común para ambos: quizás hay conductas en ti que hacen que las personas no se sientan a gusto interactuando contigo. Revisa en qué momento el otro puede parecer molesto o incómodo o desear irse. Si te pasa a menudo y con gente diferente, quizás debas plantearte un cambio.

No te vuelques tanto.  Que hagas favores y regales parabienes a personas que apenas conoces no genera amor, sino desconfianza y extrañeza. Date tiempo para tratar con quien te interesa y ver si ese vínculo es equilibrado y correspondido. La caridad empieza por uno mismo y si no…no es caridad, es compraventa de cariño.

No exijas ni reclames: hagas lo que hagas, nadie está obligado a quererte.

No te victimices. Si sólo las gente guapa, o malota, o chulesca ligase, el mundo hace ya tiempo que estaría extinto.

Arriésgate: nadie se ha muerto por un no. De verdad. Tú tampoco.

Y por último y más importante…ríete de ti mismo/a: el fracaso sólo es un fracaso si te lo tomas demasiado en serio. Y ya lo decía Thomas Szasz: cuando uno es incapaz de reírse de si mismo, ha llegado el momento de que los otros se rían de él

¿Que no te quieren? Ya te querrás tú.

Fuente: Locosdeamor.org

Hay chicas que no son comedidas e invisibles. Que beben a morro. Que no necesitan que nadie les pida un Uber. Hay chicas extrañas, radicales y auténticas.

Hay chicas a las que se les rompen las medias a la primera.
Que no saben hacerse el contouring.
Que no tienen ni idea de combinar nada.
Que detestan ir de compras.
Cuyas casas no tienen un “toque femenino”.

Hay chicas que no se quieren casar.
Que no quieren tener hijos.
Que no quieren convivir con sus parejas.

Hay chicas que no van a la peluquería.
Que se cortan ellas mismas el pelo.
Que se sienten disfrazadas con faldas o tacones.
Que se aburren soberanamente hablando de recetas, moda o uñas.

Hay chicas que siempre se han sentido verdaderas extraterrestres con otras chicas.
Y que se forzaron alguna vez a ser como ellas para ser aceptadas.
Pero no.
Hay chicas que no comulgan con eso que otros llaman feminidad.

Que no son comedidas, delgadas e invisibles.
Que beben a morro.
Que no necesitan que nadie les pida un Uber.
Porque tienen dos piernas.
Para ir al lugar que les plazca.

Que no son comedidas, delgadas e invisibles.
Que beben a morro.
Que no necesitan que nadie les pida un Uber.
Porque tienen dos piernas.
Para ir al lugar que les plazca.

Hay chicas que no pasan por el aro.
Que no buscan ser complacientes.
Que existen a contracorriente.
Para ser tú hay que ser muy valiente.

Hay chicas que son ellas.
Y que en un momento dado.
Dicen.
A la mierda.

Que a este mundo nadie viene con las lecciones aprendidas, es un hecho. Por eso tenemos que meter la pata diez mil millones de veces antes de darnos cuenta de lo que nos viene bien o de lo que nos viene mal. Hacer caso a los cantos de sirena de un ex que no está a nuestro lado pero que tampoco es capaz de irse del todo, suele ser uno de los errores más habituales. Porque además nos da igual que ni siquiera se moleste en enviar más que un triste sms. Cualquier cosita basta para elevar el potenciómetro de esperanza a nivel leyenda.

Cuando una persona decide romper una relación, generalmente es por dos motivos: o bien no te quiere o bien no es feliz contigo aunque te quiera.

Sí: el estoy confusotengo una depresiónno sé lo que quiero o me siento agobiado/a también pertenecen a la categoría de no te quiero o no soy feliz contigo aunque te quiera, pero en un plan más diplomático que te permite al mismo tiempo, quedar bien y alimentar la llamita de la ilusión en el dejado, que piensa mientras hay confusión, hay esperanza.

 En un mundo ideal, el dejador sería consecuente con su decisión y dejaría en paz a su ex pareja para que pudiese recuperarse sin interferencias, pero no estamos en un mundo ideal, estamos en un mundo de seres humanos y los seres humanos tienen la particularidad de ser falibles y tener una buena provisión miedos, egos, carencias y dependencias diversas. Tenlo en cuenta cada vez que te angusties, extrañes o enfades porque tu ex no parece ser capaz de dejarte tranquilo/a en tu lecho de dolor y se empeña en contactarte para no se sabe muy bien qué.

Aquí quien tiene que ponerse las pilas para no ser molestado o perturbado eres tú. Parafraseando a Bruce Lee, esperar que una persona te trate bien porque te lo mereces, es como esperar que un tigre no te coma porque eres vegetariano.

¿Por qué te contacta una ex pareja que te ha dejado? A pesar de lo que muchos creemos cuando pasamos por esta situación, el principal objetivo de tu ex no es amargarte la vida, no permitir que te recuperes o restregarte por las narices lo bien que le va sin ti.

Lo que quiere tu ex pareja es lo que quiero todo el mundo: sentirse mejor.

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RAZONES MÁS HABITUALES POR LAS QUE TE HABLA TU EX PAREJA

– Te dejó por otra persona, no le ha ido bien y está tanteando el terreno a ver si su segunda opción (tú) sigue disponible.

– Tiene miedo a la soledad y a lo desconocido y de vez en cuando necesita asegurarte de que su fuente de seguridad (tú) está ahí.

– Quiere sexo y cariño. Tú le vas bien mientras no encuentre algo mejor.

– Te ha visto con otra persona y sufre del síndrome aunque ya no me guste mi juguete, no quiero que otros jueguen con él. También conocido como ser el perro del hortelano o la gata Flora.

– Ha reflexionado, madurado y cambiado después de un tiempo de separación y desea reintentarlo contigo (lo más infrecuente).

Tu ex puede preguntarte ¿qué tal estás? o proponerte un café que en la mayoría de los casos no se va a concretar nunca, o simplemente ponerte a caldo, pero si obvias las palabras y te fijas en los hechos, encontrarás lo que realmente te interesa saber: esa persona no está a tu lado luchando por la relación. Si tenía problemas, ha elegido resolverlos marchándose. Y está en su derecho. Pero si no sabe estar solo, o no le va bien con la nueva persona, o necesita un polvo o quiere limpiar su conciencia, no es tu problema.

Tu problema es que cada vez que te contacta te estancas y desperdicias unos días más quedándote en modo espera a ver cuando será el próximo día señalado en el que esa persona se dignará a volver a regalarte cuatro migajas de su tiempo para decirte una tontería que no te resuelve nada.

¿Y si quiere regresar contigo? Una persona que desea con autenticidad y sentimiento reintentar una relación que ha dejado, no mandará un whatsapp, ni un sms. No será vago y difuso. No te dirá que hay que ir poco a poco ni que empecéis como amigos y luego ya se verá. El amor es como la voluntad: o se quiere o no se quiere. No aceptes sucedáneos.

Si no deseas que tu ex te escriba, te llame o se ponga en contacto contigo, no esperes que tomen las decisiones por ti y pon medios para que no lo haga.

Fuente: Locosdeamor.org