«Había una vez una mujer que tenía alas, no de esas enormes como las de Angelina Jolie en Maléfica pero lo suficientemente fuertes para llevarla a donde ella quisiera. Pero a diferencia de los cuentos que nos contaron de niños, a la protagonista de nuestra historia, estas alas no le habían sido concedidas por una hada madrina usando su varita mágica mientras ella yacía plácidamente en su cuna, en realidad fue todo lo contrario. Comenzaron a brotar en su espalda en sus momentos mas duros y complejos, en esas noches duras donde solo pensaba como iba a sobrepasar su pena. Pero las alas no eran para esconderse y envolverse en su pelaje, tampoco para escapar como una paloma espantada luego de que picotea una migaja de pan. Las alas en realidad le servían para levantarse de la tierra a la que en teoría estaba destinada a pertenecer, llegar a todos esos lugares que ella soñaba conocer y hasta atreverse a hacer alguna que otra pirueta divertida que la hiciera sentir en el mismo cielo. Podría decirte que la mujer de nuestra historia creo sus propias alas y poco a poco estaba acostumbrándose a usarlas, aunque por momentos le ganaba la duda de si en serio ella tenía las capacidades para alzar vuelo, el miedo de caerse feo si es que llegaba muy alto y hasta la vergüenza de que quizás el mundo pueda tacharla de ridícula al pretender pensar que volaba. Y hablando del mundo, llegó un día a su vida un caballero con botas de plomo que a diferencia de la mujer con alas lo hacían caminar siempre aferrado al piso. La mujer con alas se sentía protegida por esas enormes botas del caballero, era una sensación agradable para ella sentir que alguien cobijaba su espalda además de sus alas, decidió confiar y contarle al caballero acerca de sus alas y de todos esos lugares que aun tenía pendiente visitar y conquistar. El caballero en un inicio se río incrédulo de tan disparatada confesión pero al darse cuenta que quizás podría ser verdad mostró su descontento con la posibilidad de que su ahora mujer tuviera alas. Para qué volar? ¿Cuál es la necesidad de soñar con llegar alto? Para qué quieres más? Eran las preguntas recurrentes entre ellos. Con el tiempo la mujer se llenó de dudas de nuevo, de miedo y de vergüenza llegando a creer que el deseo de tener alas era una actitud egoista, frívola, excesivamente ambiciosa y hasta egocéntrica. La mujer sin alas decidió entonces caminar por la tierra con botas de plomo provistas por su amable y gentil caballero. Tenía todo lo necesario pero no lo que ella deseaba. El caballero viéndola marchita y gris a diferencia de ese efecto arco iris que tenía en su cara cada vez que alzaba vuelo, le propuso un trato: Vuela , pero hasta aquí no más”. El caballero cogió su espada y la utilizó como una huincha le puso límites claros de altura, espacio, horarios y por supuesto marcó con una X toda zona que no consideraba adecuada para la mujer. Pero antes de cerrar el trato le advirtió a la mujer que a él no le gustaban sus alas, menos aun que las luzca así que tenga mucho cuidado con volar discretamente sin hacer ruido y si es en la oscuridad mejor y que si la aceptaba con sus alas era porque la quería. La mujer sin alas de pronto comenzó a sentir una comezón insoportable en la espalda mientras brotaban sus alas esta vez más grandes y abiertas que antes, el discurso del caballero resonaba en sus oídos entreverado con un dejavu de palabras negativas que la habían marcado en algunos momentos de su vida y que habían sido el cimiento para construir sus alas. La mujer con alas le dio un beso a la mejilla al caballero, y antes de emprender vuelo le dijo, “Hasta aquí ya no más”.

Texto de Luciana Olivares

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Me llamo Laura y soy “el alma” que se esconde detrás de esta página. Adicta al chocolate, nerviosa ,romántica, impulsiva y sensible todo en el mismo grado... Conoce más sobre mí

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