Es mejor arrepentirse de lo que se ha hecho, que de lo que no.

 

Nos pasamos la vida anhelando cosas y personas que no tenemos, sin embargo, lo que sí tenemos en este mismo momento no lo disfrutamos. Nos quejamos de que él no nos quiere, de que no nos trata bien y de que es imposible confiar en una persona que te da las suficientes razones como para no hacerlo. Aun así, en la gran mayoría de los casos, seguimos ahí. Hasta que nos hacen mierda, y no sabemos ni quiénes somos.

Es extraño que, durante todo el tiempo que estuviste con él, ansiabas otro tipo de trato, de miradas, de conversaciones. Tonterías que al final marcan la diferencia, pero que tras muchos fracasos, has llegado a creer que eso no te ocurriría jamás a ti.

Sin embargo, sucede. Llega esa persona que te mira como nadie nunca antes te había mirado. Que te cuida, que no le hace falta palabras para expresarte lo que siente o necesita. Y un día te das cuenta de que a lo mejor todas las caídas anteriores han servido para algo.

Pero tú, no estás acostumbrada a ese trato. Y llegan las dudas y la desconfianza sin fundamentos. Piensas que es imposible que de verdad exista alguien así. “¿Por qué?” “¿Me estará tomado el pelo?”. Preguntas y preguntas, que sabes que no tienen ningún sentido, pero que no te dejan estar igual con esa persona. Hasta que llega un punto donde dejas de disfrutarla, y los silencios se convierten en vuestro gran enemigo. Silencios que antes ansiabais.

Todo lo vivido antes, todos los miedos, vuelven, y él lo sabe. Pero, ¿qué hacer con una persona que no se deja querer? ¿Con alguien que no sabe disfrutar? Es una putada, no saber guiarse con el corazón sino con la cabeza. Un mísero granito de arena se convierte en una montaña.

Y es que al final, hay que aprender a mirar desde otra perspectiva. El orgullo no te va a ayudar a seguir hacia delante cada día, pero esa persona quizás sí. Puede que lo que debamos de hacer es poner en pause ese botoncito tan jodido de nuestra cabeza, y que, por una vez, nos deje disfrutar.

De nada sirve quejarse, esa actuación no te va a hacer más feliz. Quizás es tiempo de dejar entrar a alguien. Tiempo de abrirse a nuevas experiencias. Porque nadie llega a ti sin ningún motivo, al fin y al cabo, todo sucede por algo. Es mejor arrepentirse de lo que se ha hecho, que de lo que no.

Fuente: Voces.me

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Me llamo Laura y soy “el alma” que se esconde detrás de esta página. Adicta al chocolate, nerviosa ,romántica, impulsiva y sensible todo en el mismo grado... Conoce más sobre mí

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