No me das paz, me das guerra…
Me repites casi a diario mientras te permites mirarme por encima del hombro o incluso con condescendencia, o eso me parece a mí. Me haces sentir una niña a la que aún hay que enseñar a reaccionar ante determinadas encrucijadas de la vida.
Consigues hacerme sentir pequeña e inconsciente, torpe e ingenua con solo una palabra.

Que no te doy paz, dices, sólo porque me rebelo y lucho, y pincho, pataleo y me revuelvo incómoda cada vez que detrás de mis “quiero intentarlo contigo” viene un “quizás” en el mejor de los casos , o peor aún, un VISTO ,dependiendo de las ganas que tengas de hablar en ese momento.

Que no te doy paz dices, mientras me apartas ese mechón rebelde de mi cara y me sonríes divertido.
Me repites lo mismo cada vez que nos vemos y saltan chispas entre nosotros, da igual el tiempo que haga que no nos veamos, esa chispa está siempre allí, esperando un roce, una mirada para volver hacernos explotar.

Porque vienes, arrasas con todo y después te vas, con la misma paz con la que entras.
Llegas, lo pones todo patas arriba y te marchas sin mirar atrás, sin preocuparte siquiera de si seré capaz de volver a recomponerme. Sin preocuparte en el tiempo que me lleva volver a recolocar las piezas, en donde estaban antes de que tú cerraras la puerta sin mirar atrás.

Para después volver a aparecer con tu sonrisa de niño despistado que sabes que me derrite y por la que siempre olvido todos los muros y promesas que me hago a mí misma para no volver a dejarte entrar. Con esa sonrisa traviesa que nunca tiene en cuenta los días, semanas o meses que me ha llevado adecentar un poco mi espacio y aprender a no vivir contigo cerca.

Pero entras, entras hasta el final, y lo descolocas todo de un plumazo y yo lo permito, lo permito porque no sé decirte que no, porque por mucho que haya intentado convencerme de que esta será la última vez ambos sabemos que al final mi puerta está siempre abierta para ti.
No me das paz, me das guerra, me repites siempre antes de irte y dejarme otra vez colgada con un montón de ilusiones que de nuevo se quedan inconclusas y que no sé dónde meter.

No me das paz…me repites siempre con una sonrisa, porque no eres capaz de ver más allá de tus palabras, porque no eres capaz de ver todo lo que sí te doy.

No ves que siempre estoy allí, paciente, esperando por si algún día te da por mirar hacia donde estoy. Y ya sé que esto no funciona así, que no sirven las estrategias, que las cosas fluyen solas y que todo es fácil y sencillo, pero es que yo aún no he aprendido a no luchar por lo que quiero.

Y sí, quizás no te doy paz, pero mi sonrisa es sincera cada vez que te da por aparecer.
Quizás paz no te doy, pero mis besos son reales cada vez que lo pones todo patas arriba.
Sí, puede que no te de paz, pero me encanta que me abraces cuando dormimos y no sabes, que muchas veces me quedo despierta solo por sentirte respirar a mi lado, porque es el único momento en el que te puedo sentir totalmente mío.

Sí, lo mismo no te doy paz, pero siempre tengo un plan nuevo para cada fin de semana, alguna aventura nueva que he ideado para no aburrirte, que tú sistemáticamente te limitas a rechazar porque estás demasiado ocupado.

Sí, pueden que no te de paz, pero no sabes la punzada que provocas en mi cada vez que me agarras de la mano por la calle y lo orgullosa que me siento cuando te llevo al lado, riendo. No sabes lo orgullosa que me siento de tí y de esas ganas de vivir que le pones a todo, no sabes que me encanta que seas tan valiente y que te admiro a ti y a tu manera de encarar la vida.

 

Puede que no te de paz, pero créeme que lo intento, me desgasto y me vacío cada vez que apareces, lo entrego todo porque yo eso de querer a medias nunca lo he entendido.

Sí, puede que no te de paz, pero siempre estoy dispuesta a intentarlo contigo una vez más.
Pero no lo ves, y te limitas a repetirme que no te doy paz.

Y sé, que debo dejarte ir. Sé que no debo permitir que vuelvas a entrar. Sé que debo sentarme a hablarme contigo y advertirte que esta será la última vez que entras y lo descolocas todo. Pero aún no, no estoy lista para mirarte a los ojos y darme cuenta de lo poco que he significado para ti.

Y no es culpa tuya, ni mía. Simplemente no nos hacemos bien, no encajamos, aunque de vez en cuando, cuando me miras con esos ojos tuyos que tanto me gustan, se me olvide y quiera creer que entre tú y yo todo es posible.

Tienes razón como siempre y no nos damos paz, nos damos guerra. Orbitamos en vías totalmente opuestas que confluyen de vez en cuando, cuando tú decides que así sea, siendo consciente de que mi puerta siempre estará abierta para ti.

Y sé que tengo que darme prisa, porque cualquier día volverás a desaparecer, y sé que debo cerrar la puerta definitivamente a una historia que ya no tiene más recorrido.
Y espero que seas feliz en el camino que te queda, espero que encuentres ese alguien que te de esa paz que tanto reclamas y que ponga todas esas sonrisas en tu rostro que en su día tú pusiste en el mío.

Porque al final querer va de eso: de dejar ir cuando no hay más recorrido y desear que seas muy feliz con quien tú elijas al lado, aunque no sea yo esa persona. Y eso querido, no te lo dará cualquiera, aunque eso ya lo entenderás con el tiempo.

Porque sí, puede que no te de paz, pero he aprendido a ir despidiéndome de ti cada vez que volvías y a desear que seas siempre muy feliz, aunque no sea mi mano la que sostengas para recorrer el camino que aun te quede.

COMPÁRTELO CON TUS AMIGOS:

Quizás te interese:

Author

Me llamo Laura y soy “el alma” que se esconde detrás de esta página. Adicta al chocolate, nerviosa ,romántica, impulsiva y sensible todo en el mismo grado... Conoce más sobre mí

Write A Comment