No me necesitas. Y te envidio por ello. No sabes cómo te envidio por ello. No me necesitas. Y se me hace raro. Tú tan solo necesitas la idea de saber que sigo ahí. Tan solo necesitas tener la seguridad de que no me he ido. O simplemente saber, que hay alguien ahí que no se irá. O sea, no me necesitas a mí. Solo quieres saber con certeza que cuando gires la cabeza yo estaré anclada en el mismo punto donde me dejaste. Como el perro que abandonan en la carretera y que jamás se mueve de ahí por miedo a que no vuelvan a por él.

Y se me hace raro, pero tú no me necesitas. Y eso que no pedí mucho hueco en tu vida. Te prometí que casi no haría ruido y que solo te darías cuenta de que estoy cuando te mordiera el labio. Sería como ese mosquito que no notas su presencia salvo cuando cae el día y escuchas su zumbido en el silencio de tu cama. De tu calma. Ese es el hueco del mosquito. En tu vida es el único hueco que te pedí, el que ocupa, un diminuto mosquito.
Pero supongo que no había espacio. Supongo que habías respirado tan hondo que en tu habitación ya no había oxigeno para dos. O que tú estantería tenía ya demasiados libros como para leerte uno nuevo. Que quizás mi risa no era lo suficientemente contagiosa. Que tu cama era muy pequeña y que odiabas que se te enredaran mis piernas. Quizás fue que no soportabas como me ardía la piel en pleno agosto, aunque desee que la eches de menos cuando granice en enero. O quizás fue mi absurda manía de acariciarte las alas. O que te pone nervioso cuando te miro fijamente y sonrío sin darte explicaciones. O mi fijación idiota por querer arrancarte tus penas. O quizás fue eso de que tú sólo te darías cuenta de que estoy, cuando te mordiera el labio, y yo había vuelto a llegar tarde. Lo único que tengo claro es que tú no me necesitas. Y ojalá yo pudiera decir lo mismo.
Porque yo a veces quiero que vengas, a veces quiero que vuelvas, a veces quiero que te quedes. A veces quiero que me beses, a veces quiero que me arañes, a veces quiero que me folles. A veces quiero escribirte, a veces quiero llamarte, a veces quiero hablarte. A veces quiero que me cuides, a veces quiero que me mimes, a veces quiero que me abraces. A veces quiero mirarte, a veces quiero perderme, a veces quiero fijar la mirada. A veces quiero desearte, a veces quiero anhelarte, a veces quiero echarte de más. A veces quiero morderte las clavículas, a veces quiero anclar tus pulgares, a veces quiero bailarte mis caderas. A veces quiero empezar de nuevo, a veces quiero repetirte, a veces quiero borrón y cuenta nueva. A veces quiero que me agarres, a veces quiero que no me sueltes, a veces quiero bailar. A veces quiero encauzar mis manos, a veces quiero acariciarte la cara, a veces quiero dejarme llevar. A veces te quiero cerca, a veces te quiero demasiado cerca, a veces te quiero odiar. A veces quiero reírme, a veces quiero olvidarte, a veces quiero jugar. A veces quiero cuidarte, a veces quiero vivirte, a veces te quiero extrañar. A veces quiero besarte, a veces quiero morderte, a veces me quiero quedar. A veces quiero, pero tú no estás.
Fuente: Nosoytuestilo.com

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Me llamo Laura y soy “el alma” que se esconde detrás de esta página. Adicta al chocolate, nerviosa ,romántica, impulsiva y sensible todo en el mismo grado... Conoce más sobre mí

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