Existe una brecha entre ser exigente e insoportable. Y es muy amplia. La primera es una respuesta originada por el amor propio; la otra es solo apego a la soltería.

Ser ese tipo de mujer que por un detalle insignificante arroja todo por la borda no es una opción, pero tampoco esa que recibe migajas en cuanto a una relación se refiere. Y es que, ¿de cuando aquí uno tiene que admitir que un tipo le ofrezca a uno menos de lo que se merece? Y no me refiero a regalos caros, ni invitaciones a restaurantes de lujo ¡No, mis queridos! Con esto me refiero a que uno conoce su valor, para no aceptar sobras.

No es nada del otro mundo. Simplemente es lo mínimo que se debe exigir: que la persona se entregue por completo y no a medias; que si está dispuesto a tener algo, por lo menos se le vean las ganas de poner todo de sí para que funcione ¿Es mucho pedir? Pues no….

Es el principio de la reciprocidad. Creo con firmeza que el éxito de una relación se basa en eso.Así que si no existe, lo mejor es dar un paso al lado y dejar ir. ¿Para qué seguir desgastándose en algo que, desde el principio, sabemos que no tiene futuro?

 

Soy partidaria de las segundas oportunidades. Estoy segura de que nadie es perfecto y que uno no puede  arrojar por la borda todo lo construído por un detalle, si se puede cambiar o si se trató de un momento de impulsividad y emociones desbordadas, porque seamos sinceros, todos la cagamos alguna vez. Pero, ¿cuando es repetitivo?, ¿cuando nos quedamos esperando algo que nunca va a llegar?,  ¿cuando definitivamente sentimos que gracias a nosotras es que la relación se mantiene? Nada qué hacer. En este punto es cuando el amor propio debe actuar y en el que nos debemos preguntar, ¿yo me merezco tan poco? Lo más seguro es que no.

Y es que en una relación hay ciertas cosas que no se deben pedir. Ni un beso, ni un abrazo, ni atención. Y mucho menos que te quieran.Cuando hay amor eso se nota, se siente, no hay que forzar absolutamente nada. Pero cuando no, en cambio hay temor, inseguridad y desconfianza.

De hecho, creo que el amor surge de una sucesión de pequeños detalles, de esos que hacen suspirar, de esas sorpresas que dibujan una sonrisa en el rostro. Palabras que no se quedan ahí, sino que se reafirman con acciones que nacen del corazón

En conclusión, así como me encanta el café de las mañanas bien caliente, asimismo prefiero que sea el amor. Muy caliente. De ese amor que probamos y no paramos  de hacerlo nunca más. Un amor completo, que llene el alma; no que nos arroje a un abismo, sino que nos saque de él. Que nos hace sentir tan especiales para alguien, que tenemos la seguridad de que con otro no se sentiría igual.

 

Fuente: www.fucsia.co

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Me llamo Laura y soy “el alma” que se esconde detrás de esta página. Adicta al chocolate, nerviosa ,romántica, impulsiva y sensible todo en el mismo grado... Conoce más sobre mí

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