En ocasiones es necesario aprender a decir adiós para que la vida siga su curso.

Despedir un amor, un trabajo y hasta entender que los hijos se van, ayuda a madurar y a cerrar relaciones que, de mantenerse, son peligrosas.

Hay momentos en los que la ambigüedad es la madre de todas los males. Como si la vida se pudiera suspender por temor a dar pasos difíciles pero necesarios, nos negamos a tomar decisiones trascendentales para continuar nuestro camino personal y dejar que otros hagan lo propio con sus vidas.

Situaciones afectivas agotadas, trabajos que no producen alegría, relaciones que agonizan y en las que ya es un imposible recuperar la fuerza que en algún momento tuvieron, son hechos que exigen respuestas de fondo.

De nada sirve esperar a que la vida pase si su trasegar sólo traerá mayor desconcierto y la sensación de frustración e impotencia. Tomar las decisiones a tiempo, con más racionalidad que emotividad y evaluando cada hecho en su justa medida, son recomendaciones saludables cuando se vive con el deseo de aprender y disfrutar.

Amores que enredan 

Desprenderse de una idea posesiva del amor, es entender que la vida tiene su propio curso y que si bien hay una promesa y un compromiso cuando se afirma querer a alguien, este acuerdo o deseo tiene su propio límite marcado por la posibilidad de encontrar la felicidad y la realización de ambos en esta decisión.

Por eso, una nueva visión del amor está enfocada a recibir las cosas y sentir a las personas que nos acompañan en momentos clave de la vida, como donaciones, es decir, como regalos y oportunidades, por esto mismo, es más valioso la calidad y la intensidad de la relación que la durabilidad de ésta. En otras palabras, el amor no es una promesa de obligatorio cumplimiento hasta el infinito, sino que es una oportunidad de vivir intensamente el aquí y el ahora, dure lo que dure. 

Así, desde una concepción distinta de este sentimiento, razones como “no puedo vivir si ti”, o “qué sería de mi vida si te vas”, o “si no me quieres tú, quién más me va a querer”, son salidas en falso cuando la dependencia es la razón más poderosa para amar. 

Buscando la salida 

Acompañando cada adiós está la idea de desprendimiento, de ser capaz de tomar distancia de aquello en donde hemos puesto el corazón y la vida, aprender las lecciones de ese paso y mirar hacia un nuevo horizonte.

Pero no todos los adioses son iguales, hay despedidas voluntarias y otras forzosas, están aquellas personas que toman la decisión consciente de romper con una relación, y hay otras que se ven afectadas por esto, sin haber incidido ellas en la decisión.

Cuestión de tiempo 

Asumir las consecuencias del adiós de una manera distinta, nos lleva a que vamos más allá de experimentar la tristeza como único sentimiento frente a este hecho. Por el contrario, una despedida puede ser una oportunidad para hacer un alto en el camino, para ponerle punto final a situaciones que aparentemente se presentan como sin salida, a romper con círculos viciosos que por temor a la soledad mantenemos, y sobre todo para hacernos responsables de nosotros mismos y de nuestra felicidad.Todo adiós remite necesariamente a una muerte simbólica, pero a su vez significa una transformación, es decir, obliga a que algo muera para que se abra espacio a otra cosa. Son como pequeñas muertes de uno mismo que le darán paso a nuevos procesos.

Así como la naturaleza, los seres humanos también tenemos ciclos que comienzan y terminan, la clave está en entender que ese temor al cambio debe superarse racionalizando sus fases. 

 

Fuente: www.fucsia.com

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Me llamo Laura y soy “el alma” que se esconde detrás de esta página. Adicta al chocolate, nerviosa ,romántica, impulsiva y sensible todo en el mismo grado... Conoce más sobre mí

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