Tres cosas (y no dos) deberían enseñarnos de pequeños: no te lleves a la boca lo que encontraste en el suelo, mira a los lados antes de cruzar y, la más importante, jamás juegues con el corazón de las personas.

No sé bien cuál es la razón de nuestro desajuste, ni cuándo empezó este lío, pero lo cierto es que, por uno u otro motivo, siempre acabamos besando lo que está caído, lanzándonos a la vía para ser arrollados y tratando a los corazones como pelotas de colegio.

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Alguien debería decirle a Facebook que el término «es complicado» es solo la excusa que se ponen dos personas cuando una de ellas no tiene el valor de decir a las claras «Voy con todo y a por ti». Que complicado puede ser  ascender el Everest en patinete o conquistar la Atlántida a lomos de un unicornio, pero no saber si en una relación de dos vas o no vas.

No creo mucho en las etiquetas del estilo «somos novios». A fin de cuentas, «novios» es solo una palabra que en los tiempos que corren puede decir mucho o puede no decir nada. Sin embargo, sí creo en otra forma de división, y es aquella que separa a las parejas en dos tipos: las que se juntan diciendo «a ver qué sale» y las que se juntan diciendo «deseo que salga»; las que se suben al barco con un pie en la orilla y las que lo hacen arrojando por la borda su retrovisor.

Implicación es la palabra.

 

Fuente: eluniversodelosencillo.com

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Laura
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Me llamo Laura y soy “el alma” que se esconde detrás de esta página. Adicta al chocolate, nerviosa ,romántica, impulsiva y sensible todo en el mismo grado... Conoce más sobre mí

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