No sufres porque se acabara. Ni porque te hablara mal. Ni porque no te quiera o te fuera infiel.

Tampoco porque no cuente contigo. O porque solo esté cuando le interesa. O porque una vez echado el polvo desaparezca. 

No sufres por todo eso.

Sufres porque dudas. Porque —aunque una parte de ti lo intuya— no has terminado de crear en ti un valor firme e inamovible que te recuerde que eres digno del mayor amor.

Y así ocurre. Que sufres.

Sufres cuando te dejan porque aún dudas de que estar con quien que no te ama sea una pésima opción. Sufres cuando te faltan al respeto porque todavía sospechas que puedan tener razón. Y sufres por intentar salir con personas que no te aprecian o que en realidad no te gustan porque aún no crees que merezcas lo mejor.

Si te levantaras un día proclamando tu amor a ti mismo como quien clava una bandera en el suelo de la luna. ¡Si te miraras al espejo y solo vieras a una persona hermosa y digna de valoración! No volverías a dudar de ti. No volverías a cuestionarte si hiciste bien en seguir tu camino. No dejarías entrar en tu vida a más idiotas o embusteros ni a darle media a quien te ofrece un cuarto.

Si te levantaras un día proclamando tu amor, no habría en tu corazón más espacio para el dolor que el que precisa apostar por algo con valentía y tener que decirle adiós.

 

Fuente: El universo de lo sencillo

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Me llamo Laura y soy “el alma” que se esconde detrás de esta página. Adicta al chocolate, nerviosa ,romántica, impulsiva y sensible todo en el mismo grado... Conoce más sobre mí

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