Tus ojos no brillan como siempre.

Y mírate, estás irreconocible. Tus ojos no brillan como siempre, y la sonrisa, bueno, la sonrisa es casi imperceptible.

Y mírate, no sabes cuál es el camino correcto, parece que anduviste durante mucho tiempo y que sin darte cuenta, sin saber cómo ni dónde, dejaste de seguir el mismo camino.

Y mírate, pero esta vez de verdad. Durante horas. Mírate para decirte a ti misma quién eres, quien siempre fuiste. Y sigue haciéndolo, no pares hasta que consigas encontrar el porqué de que no te veas aún mirando. Y mírate, y sonríe, aunque sólo sea por aquellas horas muertas tirada en cualquier lugar, por las buenas compañías, los paseos sin destino, las fiestas improvisadas y los abrazos de los que están ahora lejos, pero presentes. Siempre presentes.

Y ríe en alto, aunque solo sea por todas aquellas carcajadas en cascada, por tu forma de hacer sentir mejor a personas por el simple hecho de estar. Y ríe aún más alto, por todas ellas, porque se lo debes. Y ahora mírate de nuevo, y descubre que pareces más tú así, con los sentimientos a flor de piel, con las mil y una razones que tienes para no dejar de olvidarte aun mirándote.

Y agradece, no al tiempo, sino a ti, de poder agradecer que existen recuerdos y personas.

Sobre todo personas.

 

Fuente: Voces.me

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Me llamo Laura y soy “el alma” que se esconde detrás de esta página. Adicta al chocolate, nerviosa ,romántica, impulsiva y sensible todo en el mismo grado... Conoce más sobre mí

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